El impacto del COVID-19 en la inclusión financiera latinoamericana

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El impacto del COVID-19 en la inclusión financiera latinoamericana

Las transacciones digitales están en pleno crecimiento debido a la pandemia del COVID-19, el distanciamiento social y demás medidas adoptadas en consecuencia.

Sin embargo, esta situación ha dejado en evidencia que no todas las personas tienen acceso a los canales digitales y, por lo tanto, cuán importante es universalizar la inclusión financiera.

Un reciente análisis realizado por Melisa Murialdo (redactora y editora de El Mejor Trato), y compartido por Cointelegraph,  arroja una serie de datos que sustentan esta afirmación. https://es.cointelegraph.com/news/coronavirus-highlights-the-need-for-financial-inclusion-in-latin-america

El trabajo citado estima que, en el mundo, 2.500 millones de personas adultas están fuera del sistema financiero, lo que equivale al 40% de la población mundial. En Latinoamérica este número asciende a 61%. Sin embargo, esta región sigue siendo líder en regulación e infraestructura para la inclusión financiera. En efecto, Colombia, Perú, Uruguay y México encabezan la lista de países con entorno propicio para la inclusión financiera, de acuerdo a The Economist Intelligence Unit.

Si bien la región es líder, existen aún varios temas a superar, tales como: invertir en infraestructuras que mejoren la conectividad (dando acceso a todas las áreas no urbanas), disminuir la pobreza, reducir la brecha financiera regional y simplificar el uso de la banca digital (aumentando su seguridad y la confianza del público).

Otro asunto a considerar es que más del 60% de los latinoamericanos no ahorran. En este contexto, para Murialdo, la pobreza y la falta de oportunidades para acceder a una vida digna son el mayor obstáculo. Sin empleo ni ingresos económicos, las personas no ahorran.

En el marco de la crisis económica provocada por la pandemia de COVID-19, ¿puede la inclusión financiera ser una solución?

La medida de aislamiento social adoptada por la mayoría de los países para frenar la propagación del virus ha potenciado los medios electrónicos de pago y reducido el uso de efectivo. Este aumento del uso de medios de pago libres de dinero físico puede convertirse en un hábito para los consumidores y la sociedad toda. Se trata, como explica Murialdo en su análisis, de “situaciones que para ser viables requieren de acelerar el proceso de democratización de inclusión financiera.”

Las instituciones financieras y gobiernos deberían saber maximizar esta oportunidad única, para así incrementar la cantidad de personas comprendidas por el sistema financiero.

La autora afirmó que “para que puedan competir con el efectivo, las formas de pago electrónicas que brinde la inclusión deben ser no sólo seguras para evitar los fraudes informáticos sino también accesibles a toda la población, rápidas y sencillas (…)”

Asimismo debemos entender que este cambio se torna insuficiente sin la educación de los usuarios sobre sus ventajas y beneficios. Muchas personas, usualmente por costumbres generacionales, no están acostumbradas o no se sienten seguras con este tipo de sistemas. Es por ello que resulta crucial brindarles información y respaldo adecuados.

La pandemia de COVID-19 ha dejado en evidencia la importancia de avanzar hacia la inclusión financiera y la economía digital. El éxito de este proceso dependerá también de cómo se aborden los obstáculos existentes y los factores sociales y educativos en juego.

Tal como menciona Murialdo en la conclusión de su trabajo, las políticas de inclusión financiera son más eficaces si se complementan con políticas sociales de empleo y fiscales porque, de lo contrario, “los indicadores pueden subir en el corto plazo y mostrar resultados engañosos”, que no serán sustentables.